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Cuento de la rana rosa para la no discriminación

El cuento de la rana rosa para la no discriminacion

A michiquinina le gusta que le cuente un cuento “formal” del un libro en el sofá. Después, otro en la cama, que nos vamos inventando entre las dos. Así es como nació el cuento de la rana rosa para la no discriminacion.

Había una vez una rana rosa que vivía en una charca donde sólo había ranas verdes. Cuando la rana rosa intentaba jugar con las ranas verdes, éstas no querían. Le decían que no era como ellas y que no entendían como podía ser rosa cuando todas las ranas del mundo eran verdes. La llamaban “la rara”.

Entonces, la rana rosa decidió abandonar la charcha para buscar otras ranas que quisieran jugar con ella. Y saltando y saltando llegó a un parque en cuya fuente vivían unas ranas azules. Les preguntó si podía jugar con ella pero le dijeron que no. El motivo era que no era azul como ellas. No entendían cómo podía ser rosa cuando todas las ranas del mundo eran azules.

La rana rosa no se dio por vencida y salió de la fuente dando saltos para buscar otro lugar donde encontrar otras ranas con las que jugar. Entonces llegó a un río lleno de ranas amarillas. Pensó que allí lo pasaría muy bien jugando con ellas, pero no fue así. Las ranas amarillas no querían jugar con la rana rosa porque no era igual que ellas, creían que todas las ranas del mundo eran amarillas y les parecía muy raro una rana rosa. Pensaron que podría tener alguna enfermedad contagiosa y que por eso tenía ese color.

Entonces, la rana rosa se quedó sola pensando en dónde estaba el problema hasta que dio con él. Tanto las ranas verdes, como las azules, como las amarillas pensaban que eran únicas en el mundo, que sólo había ranas de su color. Si se conocieran, se darían cuenta que las ranas pueden ser de muchos colores. Y que además lo importante es que eran ranas, no el color.

Así que la rana rosa organizó una fiesta a la que vinieron las demás ranas. Todas quedaron muy impresionadas al ver a las otras de unos colores distintos a los suyos. Además, admiraron lo alto que saltaban las ranas verdes, la capacidad de camuflaje en el agua de las ranas azules y lo que brillaban en la oscuridad las ranas amarillas. En la fiesta, ranas de todos los colores jugaban entre ellas y lo pasaban muy bien. A partir de aquel día, ni en la charca, ni en la fuente, ni en el río, se volvió a discriminar a una rana por su color.

2 comments on “El cuento de la rana rosa para la no discriminacion

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