Mis Chiquininos

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El cuento de los pétalos rosas de Floriana tras el cáncer.

Había una vez una bonita flor en el jardín llamada Floriana a la que todas las demás flores querían. Aparte de guapa, era buena, simpática y siempre tenía una sonrisa para los demás. Por eso y por mucho más, todos la querían. Además, tenía una particularidad, aunque los pétalos de sus compañeras eran amarillos los suyos eran rojos, suaves y brillantes. Las demás flores le decían lo bonitos que eran y ella estaba muy contenta de ser especial. Hasta que llegó un viento muy fuerte llamado cáncer que lo alteró todo…

Una mañana el cielo estaba gris y el sol no llegó a salir. De pronto, empezó a soplar mucho aire. A los pétalos amarillos de sus compañeras parecía no afectarles, pero Floriana temió por sus preciosos pétalos rojos, que no resistieron y se desprendieron de su cabecita y salieron volando. Cuando el viento cesó, las demás flores conservaban todos sus pétalos amarillos. Pero no quedaba ningún pétalo rojo de Floriana, que se puso muy triste.

Sus amigas enseguida se reunieron para ver cómo podían animarla. Por la noche, cuando Floriana dormía, le hicieron un gorro de luz de luna y lo adornaron con el reflejo de las estrellas más brillantes que encontraron. Por la mañana, le explicaron que ella siempre las animaba cuando estaban tristes y que no querían que perdiera su sonrisa y le dieron su regalo. Floriana, al verlo, se alegró mucho porque era un gorro precioso y por fin volvió a sonreir. Le quedaba muy bien.

Al poco tiempo, le volvieron a crecer sus pétalos, pero ya no eran rojos, sino rosas. Eran aún más bonitos que los anteriores. Floriana estaba encantada. Aunque se puso muy triste cuando los pétalos rojos se cayeron, si no lo hubieran hecho nunca habrían salido los rosas, que eran aún más bonitos.

Dedicado a Ana, que en nada tendrá el pelo rosa.

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